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viernes, 23 de octubre de 2015

OLAS Y BRISAS, AIRES Y MARES DE UN 12 DE OCTUBRE

Allí se lanzaron gigantes de España, hijos de Castilla, ya hace 522 años, cumpliendo su palabra dada  a sus católicas majestades y venciendo al temor coloso que se esconde en lo desconocido.


Coraje de raza, voluntad de la estirpe, continuada en nuevos lares, por cinco centurias construyendo nuevas Españas en tierras incógnitas, trayendo civilización y uniendo al globo. Legándonos su nobleza de valientes peninsulares, el orden de Roma, que habían heredado, la filosofía griega y la fe de Tierra Santa que habían adoptado. Todo eso nos dejaron cuando su función de madre de naciones fue rechazada y nuestros pueblos balcanizados. Se fueron, pero se quedaron sus veinticinco universidades,  sus leyes y su lengua que unió nuestras tierras, desde Nueva España al Río de la Plata y que tantos conflictos evitó en el continente al poder dialogar y no verse diferencias entre los nuevos estados. Y ese mismo coraje, partió al combate un dos de abril, con la orden de recuperar esa parte irredenta del legado español a nuestra bendita Argentina. Y del mismo punto en que Magallanes desembarcó y que bautizó como Bahía San Julián para celebrar una misa, nuestros halcones, siglos después, despegaron para batir a la insolente flota pirata, en un año glorioso donde concurrieron naciones hispánicas en nuestro socorro.  ¡¡Que bella imagen de hermandad nos mostraban!! Y me llega a mi memoria la inmortal frase del teniente Estévez, héroe de la patria, que es una síntesis de lo que significa ser argentino, cuando en carta a su padre, le escribe:  “gracias por hacerme católico de sangre española”,  uniendo en esas palabras y en una misma gloria, a la bandera argentina con las aspas de Borgoña.
Hasta que no recuperemos las islas y la patria secuestrada, no habremos completado la gesta de España. Mas, si llegó el fin de las naciones, como paso previo a la Parusía, Argentina, España y nuestras naciones hermanas, ya hemos dado un grito de fe en la historia, que nos redimirá ante el juicio del Eterno.
Y cada argentino, por cuyas venas corre sangre europea, debe agradecer que este mundo fue descubierto para dar cobijo a sus mayores. Cada uno debe agradecer al Gran Almirante de la Mar Océano, el haber triunfado sobre tantas dudas, sobre intereses contrapuestos e indiferencias ante un desafío, que pocos veían sensato.  ¡¿Ir más allá de las columnas de Hércules?!
Una mujer, la gran estadista, tuvo visión de que debía lanzarse. ¡Gracias Isabel, sierva de Dios y soberana de América!!  ¡¡Gracias por darnos nuevos horizontes¡¡ !!Nuevos sueños vinieron contigo y viejos barbarismos desaparecieron en las Indias!!
Los navegantes al alba, en camino al Nuevo Mundo, rezaban esta plegaria que nos desnuda sus almas:
“ Bendita sea la luz y la Santa Veracruz,
 Y el Señor de la Verdad y la Santa Trinidad
Bendita sea el alba y el Señor que nos la manda
Bendito sea el día y el Señor que nos lo envía”.  Amén”
            Con ese espíritu nacimos y nos hicimos hidalgos, que resumido nos lo enseña el lema de la Cruz de Asturias:  “ Ese signo te protege; bajo ese signo el enemigo es vencido.”
Quiero despedirme con este deseo, resumen de viejas canciones y de sueños perennes:

“Que vuelva la hoz al trigal y el martillo al taller, 
el hombre a luchar, 
la mujer al hogar, 
la familia a rezar y juntos todos, los pueblos castellanos, 
a reconstruir la noble fortaleza de la hispanidad”.

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