TEORÍA DEL SALCHICHÓN

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martes, 22 de abril de 2014

HOMENAJE AL ALMIRANTE CARLOS BÜSSER EN EL CENTRO NAVAL DE NÚÑEZ EL 23 DE NOVIEMBRE DE 2012

Organizado por el Círculo de tripulantes del crucero general Belgrano. El 29 de septiembre tuve que despedir a un jefe y a un amigo, si bien no soy marino, si soy un militante del nacionalismo y mis amigos y yo lo teníamos al almirante Carlos Büsser como tal. Tuve oportunidad de tratarlo muchas veces, me honró visitándome en radio América, allá por el 83 y me recibió en su casa, como también nos reuníamos en el hogar de amigos comunes.
Fue un marino apasionado, un infante cabal cuya valentía no hacía ruido, era la propia de una mente madura, cultivada por una pasión profundamente argentina. Una mente cristiana sostenida sólidamente en valores de fe. Todo lo contrario del argentino de hoy, que parece querer convertirse en un atleta de novedades vacías, y que por ser vacías, son totalmente destructivas. En nuestras conversaciones siempre me sorprendía con sus apreciaciones inteligentes sobre los más variados temas y su apertura de criterios en política, siempre que esos criterios estuviesen unidos al amor a la patria. Su don de gentes, su coraje,  su bonhomía y su gentileza, se fundían en su carácter amable y firme de caballero del mar. Tan diferente de algunos, solo algunos, jefes posteriores que no estuvieron a la altura de los requerimientos morales que la nación les requería Pero su ejemplo rindió sus frutos, en lo personal tuvo una familia ejemplar, su esposa Delia fue una compañera hasta el último momento, fue lo que se conoce como “una novia de la patria” y murió apenas dos días después que él. En su profesión, podemos ver como la Armada siguió proveyendo de hombres de bien que continuaron dando lo mejor de si mismos, tanto en el mar como luego de retirados en el ámbito civil. Quiero reconocer a hombres como el capitán Guillermo Tarapow, que salvó al rompehielos Irízar de un seguro hundimiento y a quien me invitó, el contralmirante Juan Carlos Neves, un jefe de los que no se rinden y que ahora continúa en la lucha política, en la tarea de rescatar a la patria. Tarea a la que Büsser nos invitaba a todos con espíritu de grandeza, sin revanchismos ni las injustas bajezas a las que estamos acostumbrados, sometiéndonos al imperio de la ley, no dela venganza como vivimos en estos tiempos de oscuridad moral e intelectual plenos de divisionismos que tienen como objeto al pueblo argentino. Ese pueblo formado por cada uno de nosotros al que el tanto amaba y que se refleja en una anécdota: le pregunté en radio cual era la impresión más viva del momento previo al desembarco y me dijo. “la cara de orgullo de mis soldados”. Tenía anécdotas con los más variados personajes, con Perón y Eva Perón cuando inició su viaje de instrucción, con Seineldín y otros famosos soldados en la guerra, con políticos tanto de izquierda como de derecha y con adversarios británicos que le reconocían sus méritos; fue el único almirante que en todo el siglo XX rindió  a una guarnición británica. Su recuerdo más emotivo fue la muerte del capitán Giachino, eso fue algo que llevó hasta sus últimos días, recuerdo que me dijo que cuando vió la sangre derramada de tan valiente infante en los jardines de la residencia del gobernador, le vinieron a la memoria las imágenes que reflejan algunos poetas cuando hablan de la sangre derramada por la patria y que su sacrificio fue decisivo para lograr la rendición del gobernador inglés Rex Hunt, recientemente fallecido,  un hombre decidido, ex piloto de cazas Spitfire, que se vió ante marinos mucho más decididos que el, hasta el mismo mayor Norman, a cargo de la guarnición, vió que era imposible enfrentar a una tropa dispuesta a morir por su causa. Büsser era un hombre con fuerte claridad geopolítica que se puso al servicio de la Argentina sin esperar más que el placer de haber cumplido con su deber. Era un hombre a la vez con gran sentido del humor a quien los jóvenes admiraban. Nos acompañó en actos y nos felicitó cuando hicimos la recuperación del remolcador Yehuin, siempre atento a animarnos. Por eso, les deseo a todos ustedes, que brindemos por su recuerdo y no dejemos caer los brazos, Argentina es posible y es una aventura que merece ser vivida. Con buenos vientos provistos por nuestro esfuerzo y por la Divina Providencia, podremos lograrla.

Muchas gracias.

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